10/01/2012

Comienza la travesía. De Monterrey a Mexicali.

El aeropuerto de Monterrey en el amanecer.

Nuestro viaje (de Hiroko y mío) comienza de manera separada para ambos, debido a motivos de calendario laboral. Yo tuve la oportunidad de tomar el vuelo más barato de aquella semana entre Monterrey y Tijuana, así que heme aquí, desvelado y emocionado, temprano en el aeropuerto de la Sultana del Norte, el miércoles 21 de diciembre del 2011.

Aprendí que no hay que confiar en los taxis en esta época del año. El que pedí con anticipación nunca llegó a mi casa; me fue mejor avanzando hasta la avenida con todo y maletas. Gracias a eso no tuve contratiempos para tomar el avión a tiempo.

Pero había algo que no me gustaba... cierto dolorcito de garganta desde el día pasado. Eh, quizás pasará con los días; probablemente no será nada grave.



Las sierras de Coahuila.

Snack en el avión.

Mexicali a lo lejos; en primer plano la laguna de oxidación de Cerro Prieto.


Pasada la Rumorosa, ya cerca de Tijuana.

Otay, en Tijuana.

En el aeropuerto, anuncios turísticos de Baja California.

 Esperando maletas.

Ya en el Abelardo L. Rodríguez, el aeropuerto de Tijuana que, en apariencia, siempre está en construcción, noté con agrado que le pusieron una terminalita de autobuses. Moría de hambre, pero esperé ahí al siguiente camión.


Las señoritas encargadas de vender los boletos para los autobuses se peleaban a los pasajeros a gritos.



Con más una hora de espera y tanta hambre, en retrospectiva quizás habría sido mejor tomar el camión en la central de autobuses de la ciudad. 

Ya en Mexicali, el gobierno ha estado poniendo estos "monumentos a la imprudencia" en algunos cruceros.

El Centro Estatal de las Artes, un ícono moderno de la ciudad.


En Mexicali, me encontré en la Terminal Turística, al norte de la ciudad. Mi ciudad natal no cuenta con un servicio continuo de taxis libres; los pocos que hay, han de ser llamados. En la terminal un empleado me ayudó a conseguir uno.

Noté las obras de la "línea express" que construyen sobre López Mateos, el boulevard que lleva de la garita Centro al sudoeste de la ciudad y que continúa hacia San Luis Río Colorado y de ahí al resto de la república. Tal línea express, me enteré, será una especie de metrobús al estilo de los de la Cd. de México y Guadalajara. La gente, sin embargo, se queja del caos vial y de que las obras avanzan con lentitud.

Me gustó ver que, tras mi visita pasada a la ciudad (varios meses atrás) ya podía yo notar edificios nuevos, mejoras, nuevos negocios. Lamentablemente, varios de estos nuevos negocios son casinos. Más tarde me dirían que hay al menos diez de ellos.



Llegué a casa. El precio de $60 me pareció exorbitante, pero más grave era mi cansancio. Mis papás me recibieron con los brazos abiertos y un plato de menudo.



El hospedaje sería en mi antiguo cuarto.

Lo primero que hice: tirar papeles inútiles.

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Visité un ratito a mi sobrino Luis, quien tiene su oficina al lado de mi casa, justo donde antes era mi oficina. 


Me dio gusto ver una microempresa naciente, vibrante y mejor administrada que mi antiguo y soso despacho de consultoría. Mi sobrino, su novia y algunos amigos suyos se encargan de hacer fotografía en eventos; están moviéndose constantemente, me dijeron. Les va bien.




Decoraciones navideñas en la casa paterna. Gran arbolito, gran nacimiento.

Mi mamá.


 

Mis papás posando junto al arbolito.


Entrar en esa habitación (mi espacio, mi sede, mi sancta sanctórum por tanto tiempo) siempre es una experiencia interesante.

Recuerdos de mis ex-socios de Ingenio SI.


Mis papás se han esmerado por dejarlo similar a como era antes, y sin embargo la nostalgia se ve interrumpida por el ocasional detalle que te hace recordar que hace meses que no vives aquí, que las cosas van cambiando y, si bien la casa paterna siempre será un hogar, también es cierto que no es la misma casa que antes. Pero es un lugar que me acepta como lo acepto a él, con todo y sus cambios. 

Colecciones de cómics americanos...

...de manga y de webcómics.



La pared del pasillo se ha convertido en un mosaico de momentos.

Gafetes de eventos, retiros y reuniones, legados de mi formación juvenil.


Esa misma tarde llegaron de visita a la casa mi hermano Carlos, su esposa Piti y sus tres hijos. Y luego me dediqué a descansar, a disfrutar el ritmo de vida de ser huésped más que encargado, sin preocuparme demasiado por planificar. Creo que es mejor así, cuando los viajes no están del todo planeados, pues así es más interesante descubrir qué es lo que pasará.


Y más tarde me tocó desarraigar el cerco.

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A la mañana siguiente tuve oportunidad de convivir un rato con mis queridos amigos Roxana y Erick. Fueron ellos quienes propusieron la idea de un desayuno en el Carl's Jr. Roxy está contenta en su trabajo; Erick pronto terminará la escuela, tarea que combina con un trabajo vespertino. Su joven matrimonio ya está fructificando.



El edificio de oficinas regionales de la CFE quedó así desde el último gran temblor. Tal vez nunca lo reparen.

Erick y "mi hija" Roxy.


Yum, carbohidratos para el desayuno.

Pero mi dolor de garganta había crecido y se había convertido ya en un incipiente catarro. Mexicali me había recibido con frío; como Saltillo también es frío, pensaba que no sería inconveniente. Mas la diferencia es que acá en las tierras altas coahuilenses, las casas suelen tener calefacción; en Mexicali la mayor amenaza es el calor, así que las casas suelen ser frescas. Eso se tradujo en un cuerpo resentido y en tener que ir a buscar medicina pronto, dispuesto a darle matarile a la gripa antes de que se desarrollara en pleno.

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Esa tarde tenía planeado recibir a mi muy querida amiga Cecy en casa. Sin embargo, fui con mis papás al banco y más tarde mi mamá tuvo ganas de comida china, la cual yo extrañaba (no lo voy a negar). De regreso, Cecy me había dejado un paquetito de galletas. Lamento mucho no haber podido verla a ella y a su esposo... espero podamos coincidir  la próxima vez.

 Mientras tanto, mis padres y yo estábamos en el Lucky, su restaurante chino de elección.

Sopa de aleta de tiburón (imitación) bien caliente y té caliente de jazmín para la garganta.

Amo esta sopa. Aquí ya con sus condimentos: salsa de soya y vinagre.

En los restaurantes chinos de Mexicali, la opción popular es pedir paquetes de comida corrida. Mi papá se sentía espléndido y pidió "la 3 para 2", o sea, el paquete 3 para dos personas (que es suficiente comida para tres o hasta cuatro).


Salve, oh glorioso pollo con piña.

Costillas de carnitas coloradas.

Carne de res con brócoli (y otras verduras al vapor).

Perdiz asada; antes de comerla hay que echarle su condimento, que es un caldo cítrico con pimientas.

Para finalizar, dos tipos de galletas: las de la fortuna y las tradicionales, hechas en el restaurante, de naranja.

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Diciembre 23 fue el día que pude reconocer más a mis anchas a mi ciudad. En la mañana, tras ir al banco de nuevo con mis papás, enfilamos hacia el centro para poder yo pagar los boletos de camión que nos llevarían a Hiroko y a mí a Los Angeles. La lentitud de los servicios de transporte público me invitó a caminar por las calles del cuadro central de la ciudad, revisitando parajes, captando su esencia y llevándome algunas sorpresas.


El Parque Chapultepec, en el mero centro de la ciudad, antes un frecuente refugio de pordioseros y polleros, ahora un poco más limpio.



Edificios sobre la Calle Madero.



Este edificio, que hoy día es un decadente burlesque, albergó alguna vez al primer ayuntamiento de la ciudad.

 
Estos murales están pintados en la parte frontal del edificio. En éste están representados: la Rectoría de la Universidad Autónoma de Baja California (que fuera antes la sede del gobierno estatal), la Catedral y algunas vistas del Ferrocarril Sonora-Baja California, cuya construcción vinculó a BC con el resto del país.


En este otro mural, el edificio de la antigua Cervecería Mexicali y el Monumento a Lázaro Cárdenas.


Junto a la Garita y ya en propiedad federal, esta pagoda conmemora la hermandad de Mexicali con la ciudad china de Nanjing - lo cual no es de extrañar, dada la alta cantidad de chinos en Mexicali y su importancia en la historia local.


Otro de los primeros edificios de la ciudad, el que alberga al estacionamiento "El Tecolote" - donde se estacionan los que no quieren cruzar en carro. Aparentemente están dejandolo bonito. 


Una vista del mayor centro comercial de la ciudad, "La Cachanilla".

Parte de esa esencia mexicalense es que, dentro de la sequedad norteña del trato de su gente, existe aún así el auxilio al transeúnte, al prójimo. Es algo que se ve con mayor dificultad en Saltillo. También es algo que he llegado a extrañar de mi tierra.



Gente deambulando en la zona centro, venida a menos (como en todas las ciudades fronterizas) pero no sin su dejo de historia y cultura, tangibles en algunos rincones.


El Café Azteca es uno de esos rincones. Una vez desayuné aquí con mi buen amigo Roberto. El local es atendido por chinos; originalmente el centro estaba repleto de estos establecimientos, donde se toma el café con leche en vaso de plástico y se acompaña con deliciosos bísquets recién hechos, compartiendo la mesa con otros parroquianos.


Negocios de camino a Catedral. Ese centro botánico está ahí desde que me acuerdo. En su interior encontramos inciensos y estatuas de Buda - más huellas del asentamiento chino.


La torre de Catedral, un edificio más bien sencillo y práctico, hecho para una tierra arisca, pero que supo dar frutos una vez domados los elementos. Las líneas de Catedral reflejan esa tradición; su arquitectura mexicana es relativamente austera en su interior.


No pude entrar; aparentemente el Obispo se preocupa por ponerle piso nuevo a la banqueta.


Frente a Catedral, uno de los edificios antiguos de la ciudad, con su fachada art decó que refleja las épocas en las que el dinero del algodón fluía con facilidad por estos paseos. Hoy en día está semi- abandonado, pero el letrero anuncia el deseo de recuperar este pasado: un teletón para restaurar otro edificio emblemático, el "Cinema Curto".


En esta misma cuadra, en lo que fueran las Zapaterías Reforma, el frente está emparedado, el rico techo de madera ha perdido páneles, pero la expresión popular ha ganado un espacio.




Otro de los que fueran los antiguos cines del centro de la ciudad, algunos de los cuales llegaron a subsistir hasta finales del siglo XX. Este inmueble alberga ahora una casa de oración protestante.


La Catedral vista a una cuadra, sobre la calle Reforma que desemboca frente a ella.


El cerco de la Escuela Leona Vicario, la primaria más antigua de Mexicali que aún está en funciones.


Su edificio principal. Siempre me fascinaron esas aulas de amplias paredes y ventanas.


El edificio de la Escuela de Artes de la Universidad.


Al fin llegó el camión que me deja cerca de casa. $10 pesos el pasaje, pero al menos ahora tiene aire acondicionado. Lástima que estábamos en tiempo de frío.


El edificio de la Colorado River Land Co., la compañía latifundista que controlaba el valle de Mexicali.


Ya cerca de mi casa, esta es la secundaria en la que estudié, la Técnica 4. Ahora es horriblemente verde.



Este, el parque frente a la casa donde me crié; ahora tiene una trotapista, algunos juegos y más árboles.



Junto al parque, la primaria a la que fui, la Escuela Melchor Ocampo, igual de verde que la secundaria.

En la tarde y después de la comida, mi misión fue ir a sacar el permiso de internación a EU, pues iría a Los Angeles por tierra y eso implica procurárselo por cuenta propia. Había escuchado historias de terror, sobre todo en fechas decembrinas, así que estaba dispuesto a pasar toda la tarde y, de ser necesario, la noche haciendo fila.



El Hotel del Norte siempre me ha fascinado por su arquitectura art decó. Está frente a la garita. 


Afortunadamente, entre tres y cuatro horas después había sido victorioso, aún sin tener comprobantes de domicilio: cuando no se vive en Mexicali, aprendí, no son necesarios para el permiso, siempre que se tengan boletos de avión que aseguren la salida pronta de Estados Unidos. Vaya, lo importante es tener un caso sólido para demostrar que se pretende entrar a EU y luego salir, sin que pase por la cabeza la posibilidad de quedarse allá como ilegal.

Y eso no es todo. Con la gripa en curso, mi cuerpo estaba generando más ganas de hacer pipí que de costumbre. Pero como no había baños disponibles, tuve que aguantar todo ese tiempo. Fue un martirio dentro de otro - y un alivio dentro del otro, cuando finalmente pude desahogar mis ansias...


Ya era de noche cuando obtuve mi permiso.


En la noche me quedé en el centro y tuvo lugar la reunión epic win de los ñoños: Óscar, José Juan (que vive ahora en Calgary), Olga y Vincent (que viven en el sur de Francia) y un servidor. Aunque me perdí de acompañarlos a un lugarcito donde venden cervezas de todo el mundo, Óscar nos guió por la ciudad de noche para ver los cambios: la finalización del edificio de estacionamiento del Gobierno del Estado (cerrado por lluvias), los muchos casinos nuevos y el edificio de Preparatoria de CETYS Universidad que ya no está, su ausencia contrastante con nuestros recuerdos, testimonio de los cambios que nunca dejan de pasar. (En fechas recientes también demolieron el edificio de Profesional. Ahí pasé cuatro años y medio de mi vida. Eso sí me caló más.)
 


Después, al Starbucks de Plaza Lienzo por el consabido café. Olga ama el café. De hecho, creo que por su culpa es que soy cafeinómano también.



Mi bebida de elección: Moka Cappuccino (Frappuccino en el verano).


Olga y Vincent. Olga ama el color turquesa y escribir en su Charcotrip, desde donde relata sus aventuras como franchute. Vincent disfruta de ser un sysadmin que vive y respira sistemas abiertos.


Óscar y José Juan se conocen desde la prepa, pero fue en la universidad donde afianzaron su amistad. Óscar es bueno como ingeniero y tiene todos mis respetos como guitarrista, sea de rock o rondalla. José Juan vive y respira sus investigaciones en la Universidad de Calgary y por fin tiene novia.



Quizás esta sería la única rosca que comeríamos todos (excepto Óscar), así que había que compartirla. Óscar se sacó el mono. Le toca mandarnos los tamales congelados por DHL. (Yeah right.) 

Después del café, fuimos a Calimax (el supermercado regional, estoico ante la presencia de las cadenas nacionales), donde vimos cosas tales como vino californiano y Cerveza Cucapá, de la microcervecería cachanilla que "es la onda".






Olga nos ilustra cuántos limones se pueden comprar en Francia por el equivalente de $50 pesos.

Tonayan y Viva Villa, porque somos personas de gustos refinados (y con poco respeto por nuestra integridad física).


La ya mencionada Cerveza Cucapá. Neta, si pueden probarla, háganlo. Sé que la venden en algunos contados establecimientos de la Cd. de México.


Vino de Ensenada.


Saladitos "Hola". Los saladitos son una herencia china a la cultura mexicalense: fruta deshidratada y conservada con sal. Deliciosos insertados en media naranja (si no traen ya algún aditivo, como dulce o chile).  


Burritos "Delitaco" de venta en los Oxxos locales. Esta es una microempresa que salió de mi universidad; por eso me pareció relevante esta foto.


Y por último a casa de José Juan, que además de ser muy inteligente, investigador de tiempo completo, sarcástico y pelón, es un excelente chef. El menú, como siempre, comida china - específicamente pollo kung pao.




Cuando José Juan cocina, todos somos sus ayudantes. De ahí que estemos metidos en la cocina.


El pollo, que es tan delicioso como increíblemente fácil de preparar. El secreto está en el timing de los ingredientes.


Listo para comer, montado sobre arroz blanco.


Foto mutua.


La mamá de José Juan, una señora igualmente brillante y de buen corazón, pero un tanto estricta, se alegró mucho de vernos y nos puso la mesa para nuestra cena. El ambiente estaba bastante nice.


El pollito fue acompañado con un tempranillo Santo Tomás, también ensenadense.




Regalitos. José Juan nos dio puntas de lanza. La tarjeta es de Olga y Vincent.


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Mañana: la llegada de Hiroko, navidad y la salida a LA.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho tu blog. Soy arquitecto y estoy escribiendo e ilustrando un libro sobre edificios de las capitales norteñas. De Mexicali, entre otros, incluiré la Escuela Leona Vicario; así es como llegué a tu blog, por la foto de tu secundaria. Puedes ver mi obra en www.manuelrobledo.net Saludos

Gaolga dijo...

hahaha apenas leo con detenimiento el post y aqui mis observaciones:

- Como que ñoños???
- No soy franchute XD
- Hey!! ahora resulta que eres cafeinomano x mi culpa :P
- Si me calo sarra que demolieran el edificio de profesional :(
- Pues ya que hablas de Delitaco, tambien HOLA salio de empreser, aunque no se si sean del cetys tmb...

y lo mas importante

- Me dio un gustazo que nos juntaramos!!!!!! espero que se repita pronto!!

Martin dijo...

La verdad que es un estado hermoso, es una lastima que cuando estuve en mexico no pude visitar monterrey

Anónimo dijo...

Soy de Mexicali pero la ultima vez que fui era 1997 tambien fui a sec 4 gracias por compartir :)